16/1/17

Por las costas entrerrianas cultivó Guarany la música y la amistad

"Yoyi" Geminiani, el paceño con el que el cantor forjó un férreo vínculo fraterno, lo recordó con afecto.

Hace tres días se fue el ídolo de tantos, el artista que con sus canciones buscaba combatir injusticias o penurias sociales y rescataba la nobleza del amor. El corazón de Horacio Guarany dijo basta, a sus 91 años, luego de latir apasionado por distintos escenarios del mundo. Su música seguirá sonando sin dudas en la memoria del país que lo vio nacer. "La vida misma es todo un canto" reza una de sus letras, una de las tantas que hacen que el cantor siga presente en el alma colectiva de quienes se emocionan con su poesía.
En Entre Ríos marcó su huella y quienes lo conocieron lo recuerdan con afecto. Entre anécdotas reviven su paso por la provincia, donde supo cultivar la amistad con vehemencia. Por las costas entrerrianas es el título de la canción que refleja su sentimiento por quienes lo recibieron con los brazos abiertos: "Y pienso chamigo qué linda es la vida, qué linda mi tierra y mi gente también, y pienso en el Yoyi, en Claudia y en Carlos y el Pelao Lezcano que no olvidaré. Amigos del alma que alegran la vida y me dan la fuerza para no aflojar y gritarle al mundo en un mano a mano, paraíso entrerriano ciudad, de La Paz", es un fragmento donde nombra a esa gente que supo ganarse el corazón del cantor.

Juan Antonio Yoyi Geminiani es un paceño que tenía apenas un poco más de 30 años cuando conoció personalmente a Horacio Guarany. Fue en 1986, cuando el músico pasó por la localidad del norte entrerriano. "Soy amante del folclore de toda la vida y me gustaba la música de Guarany. Una tarde llegó a mi oficina el Pelado Lezcano, un chofer que trabajaba conmigo y era un hombre de confianza. Entró agitado diciéndome que en el puerto estaba mi ídolo. Le respondí que era imposible ¿qué iba a estar haciendo Horacio Guarany en La Paz? Me aseguró que lo vio tomándose un taxi y que estaba en el mercado haciendo unas compras. Salí volando para el Puerto y ahí estaba él, en su barco, y afuera una multitud. Lo llamé al marinero y le di una tarjeta presentándome y le dije que Horacio tenía un auto a disposición cada vez que viniera a La Paz. Se me ocurrió eso", contó a UNO Yoyi, rememorando el inicio de una extensa y profunda amistad que se extendió por más de tres décadas.

Minutos después Guarany lo invitó a subir al barco, lo recibió con un abrazo agradeciéndole el gesto y asegurándole que cosas así solo pasan en el interior. El músico estaba con sus colaboradores y amigos, y también con Griselda Reato, la mujer diamantina que se convirtió en su esposa y lo acompañó en sus últimos días. "Me invitó a la noche a comer un pavo. La canción que nos escribió Horacio nombra también a Carlos –Pereyra–, el marido de mi mamá; a Claudia, que es mi esposa y al Pelado Lezcano. Estuvimos comiendo y charlando largo tiempo", sostuvo, y entre algunas primeras anécdotas recordó: "En el momento de servir el pavo, Horacio le pidió a Griselda que le pasara una tijera de trinchar. Buscaron, pero en el barco no había. Entonces cortaron el pavo con un cuchillo". Al otro día se levantó temprano para regalarle una. Sin embargo, cuando fue a llevársela la embarcación ya había zarpado, camino a Paraguay. Así que le pidió al Pelado Lezcano que se fue enseguida a Esquina, Corrientes, el próximo punto en la costa del Paraná donde Guarany iba a parar, para entregarle su obsequio.

El segundo encuentro se dio varios meses después. El paceño le había ofrecido su casa en la costa para quedarse y lo había invitado a comer un asado cuando volviera del vecino país. Pero con el correr del tiempo sus esperanzas de volver a cruzarse con el músico se iban diluyendo. El barco había vuelto, pero la comitiva no había parado en La Paz. Sin embargo, Yoyi estaba feliz por haber conocido personalmente a Guarany, y haber compartido con él una cena y una charla amena. Además, el músico tenía en sus manos su obsequio.

Amigos para siempre
Grande fue su sorpresa cuando una tarde llamaron a Yoyi desde la Prefectura y le dijeron que le iban a hablar por radio: "En ese momento no existían los teléfonos celulares y después de cada oración había que decir 'cambio'. Era Guarany el que me hablaba. Me preguntaba si me acordaba que lo había invitado a comer un asado y me dijo que vaya a comprarlo porque ya venía por Santa Elena", expresó.
Aquella noche Horacio Guarany comió el primer asado en La Paz con Yoyi, Claudia, Carlos y el Pelado Lezcano. "Estuvo en mi casa cinco o seis días. Después empezó a venir más seguido y a quedarse más tiempo. Yo lo llevaba a los lugares donde tenía actuaciones y Griselda, su mujer, se quedaba en mi casa con mi familia. Por ejemplo, salíamos un viernes a las 7 para llegar a las 17 a una doma en Colón, en provincia de Buenos Aires; a las 21 tenía que actuar en Pergamino y a la 1 en Arrecifes. Después pegábamos la vuelta. Yo jamás en mi vida tomé y era quien manejaba. Ahí se fue generando una relación de amistad. Primero me costó romper la barrera del ídolo. Luego conocí a un gran ser humano y en esos viajes tuvimos hermosas charlas, donde me contaba su vida". Fueron años de conversaciones, viajes, reuniones. "Siempre decía alguna grosería, pero lo hacía con tanta calidad que no era chocante. Él era así", refirió entre risas.

De la mano de Guarany, Yoyi conoció a mucha gente del ambiente artístico de gran trayectoria, como el consagrado Linares Cardozo, entre otros. "Horacio era un excelente cocinero y le gustaba agasajar a sus amigos, los cuidaba y los protegía, muy lejos de esa imagen de cabrón que tenía", aseguró. También contó que el músico amaba el contacto con el pueblo. "Él decía que era mejor poeta que cantor, y es cierto. Sus canciones siempre tenían un motivo. Ninguna es comercial", indicó, a la vez que rememoró parte del pasado de su amigo: "Yo iba a su casa, en Plumas Verdes. Siempre contaba que nació en Las Garzas y llegó a Alto Verde a los 10 años. Ahí los recibieron a él y su familia y lo refugiaron. A menudo recordaba lo duro que fue su carrera, cuando cantaba en las cantinas de La Boca pasando la gorra. El resto la gente sabe como es la historia".

Por último, confió: "Al enterarme de su muerte lloré mucho. Siento mucha tristeza, por su esposa, por su hijo, por lo que significó para mí. Más allá de que era un ídolo popular, tuve la suerte de conocer al hombre, al ser humano, y realmente era excepcional, generoso, amigo de sus amigos, nunca dejaba a nadie de a pie y estaba siempre cuando alguien tenía un problema".

El cariño de tres décadas tomó forma de canción

Sobre la canción que Guarany le dedicó a él y su familia, Yoyi señaló: "Un día el Pelado lo buscó a Guarany desde Goya y de camino venía silbando la melodía de lo que iba a ser Por las costas entrerrianas. En un momento le pidió un papel y una birome y como no tenía le dijo que parara. Golpeó la puerta de una casa para pedir estos elementos. Imaginate que Horacio Guarany te golpee la puerta para pedirte algo", reflexionó acerca de su espontaneidad.

Acto seguido, relató: "Llegó a mi casa y me pidió un grabador con un cassette, que es lo que había hace 29 años. Se encerró y entonces se puso a cantarla a capela".

"Yo ya era amigo de él hace tiempo, había superado la barrera del ídolo, pero fue un shock que hiciera una canción donde nos nombre a nosotros", aseguró.

Tanto era el respeto que el músico sentía por su amigo, que hasta le modificó una parte de la letra por su sugerencia. Así fue puliendo su poesía, que en sus primeros renglones expresa: "Fulgor del amanecer por las costas entrerrianas/ cruzando el Guayquiraró casi llegando a Corrientes/ se siente la sensación de estar viviendo en el cielo/ con una dulce mujer que nadie pudo igualarla/ Verdores del saucedal que el agua va acariciando/ allá pasa un pescador que va en la popa bogando/ y canta mi corazón porque no existe en el mundo/ una fortuna mayor que estar volviendo a esos pagos./ Y pienso chamigo qué linda es la vida /qué linda mi tierra y mi gente también/ y pienso en el Yoyi, en Claudia y en Carlos/ y el Pelao Lezcano que no olvidaré./ Amigos del alma que alegran la vida y me dan la fuerza para no aflojar/ gritarle al mundo en un mano a mano /paraíso entrerriano ciudad de La Paz (...)".

Fuente: Uno Entre Rios

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