24/10/20

Un mundo con virus. Por Alberto Fabián Zárate – Investigador Periodista


Esta situación global por el covid-19 cambiará la geopolítica mundial. ¿Qué podemos esperar más adelante? El planeta está paralizado. Lo que cuando comenzó este 2020 parecía un problema sanitario en una remota ciudad china se convirtió en una inédita crisis de salud que tiene al mundo en vilo. El covid-19, el virus que preocupa por su rápido contagio y que aún no tiene tratamiento, obligó a todos los países a reaccionar con premura para evitar que la situación escale y frenar una gran tragedia humanitaria. En unas pocas semanas desde el comienzo de la pandemia han llegado consecuencias mayúsculas: países aislados, rebrotes del virus en una segunda ola, ciudades enteras con transmisión local del virus, miles de eventos suspendidos en todos los continentes y medios de comunicación colmados por un solo tema, el nuevo coronavirus. El engranaje social y económico, propio del proceso de globalización de este siglo, tambalea por cuenta de un virus. El asunto ha sacudido a todo el sistema. Las bolsas se desestabilizaron y algunas están en caída libre, la especulación en torno a precios y productos es totalmente increíble, el turismo también entró en sus horas más bajas, los supermercados, ante el pánico generalizado por un hipotético desabastecimiento, ahora muestran estantes vacíos, o con precios irrisorios. Ante la alerta mundial, lo que el capitalismo logró naturalizar se ha mostrado frágil, y algunos ya lo empiezan a considerar inviable.

Las estimaciones acerca de cuánto durará la crisis sanitaria son inciertas, se habla al menos que la situación se extenderá por los próximos dos años. Pero así se controle la pandemia en unas cuantas semanas, el episodio cambiará al mundo para siempre. Como no sucedía desde la Segunda Guerra Mundial, la crisis sanitaria unió a la comunidad internacional alrededor de un tema común. Cuando el virus salió de China, Occidente reclamó transparencia en la información, algo clave para conocer la magnitud de la amenaza y enfrentarla. Y es sin lugar a dudas que para terminar con la pandemia hay que publicar los datos relacionados con el virus, y han seguido, los países del primer mundo al igual que los otros,

nosotros (tercermundistas) con mayor o menor acierto, las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los países van a intentar cambiar la cadena de producción y diversificar sus mercados para no depender de uno solo. La economía sería menos vulnerable, pero la producción más cara, cuando termine la emergencia sanitaria, varios países podrían establecer duras restricciones en sus fronteras, otros, como nosotros veremos la cruda realidad de la moneda internacional, aunque hasta el día de hoy nadie puede explicarme porque corremos detrás de otras divisas, si nosotros tenemos todo, desde la materia prima hasta la producción final y nuestra propia moneda de intercambio comercial.

La emergencia sanitaria ha llevado a millones de personas a lidiar con un panorama inédito. En este siglo parecería una locura que más de la mitad de los estudiantes del mundo no vayan a clases, o que países del primer mundo estén confinados en casa. Pero esta inesperada alteración del orden natural, e interiorizado del sistema global también ha advertido sobre otras realidades ignoradas.

La mejora de la calidad del aire en las zonas sometidas a la cuarentena puso de manifiesto los problemas medioambientales ocasionados por las dinámicas de la globalización.

Por supuesto, la más evidente tiene que ver con el sistema de salud, en su momento desbordado por la epidemia, demostró esta urgencia.

La predecible búsqueda de una mejora en temas de salud abre la posibilidad de que este reclamo se expanda a otros terrenos, y el estado de confinamiento se ha convertido en el laboratorio perfecto para que aparezcan estas nuevas inquietudes. La mejora de la calidad del aire y del medioambiente en las zonas sometidas a la cuarentena puso de manifiesto, por si hacía falta, que el modelo consumista no hace más que destruir los territorios. Además, la reducción del tráfico vehicular, que también aporta a la contaminación, hace pensar a muchos en que las ciudades, después de todos estos años de crecimiento, podrían ir en la dirección equivocada. Al salir del confinamiento se recuperarán los espacios públicos como lugares de encuentro, ya no serán solo vías de tránsito.

En todo caso, las respuestas definitivas a estas preguntas aún están por llegar. No hay eventos en la historia reciente comparables con esta emergencia, aunque en la historia de los tiempos hubo epidemias, pandemias y guerras que aniquilaron gran parte de la humanidad y diversas especies. Nadie sabe

todavía cómo responderán los mercados a la crisis, que pasará con los que sobrevivan al virus y sobre todo, las creencias religiosas que han demostrado ser un atributo descartable en tiempos difíciles. Habrá que ver si, al erradicar la pandemia, los engranajes del mundo globalizado vuelven a ponerse en marcha como si nada. Pero con cada día que pasa, esta posibilidad se hace más remota y nosotros los seres humanos, todavía no comprendemos que nos está diciendo, esta gran señal.

Para El Ojo Mirador, Alberto Fabián Zárate – Investigador – Periodista.

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